Awilda Castillo

Extraña el corazón que siente, ese que fue embargado por una pasión, por una emoción, por un sentimiento.

Extraña aquel que ha recorrido un camino y lo ha disfrutado, pero que sabe, que jamás volverá a pisarlo.

Se extrañan esas páginas leídas que nos dieron aliento y otras que hasta incomodaron, cuando se hace presente su espacio vacío en nuestra biblioteca.

Extraña la mano que acaricia, que sostiene, que levanta; cuando no existe más el ser que de ella necesitaba… se ha ido.

Extraña quien viendo salir el sol, contempla también la belleza de la vida y ahora está en una tumba de concreto, con techo de nubes siempre grises.

Se extraña la voz, esa que despertaba con una palabra de presencia, con tonos a veces disonantes, pero que portaban el sonido de los días, y ahora hay silencio aterrador que mata.

Extraña

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