Hoy he decidido refugiarme en ese íntimo lugar de soledad elegida, en mi rutina de escapismo, en el ambiente preferido.

Me encuentro rodeada de las pequeñas cosas que el humano atesora, y que los años con su paso van aceptando como fetiches, con un apego casi pagano.

En los recuerdos inolvidables , lejanos en el tiempo, cercanos en el corazón, encuentro la panacea de mis actuales días.

En el jugueteo febril de la memoria, las imágenes se entremezclan en un torbellino de luces y colores. Y alimento la ilusoria fantasía de soñar, por un instante que soy libre y sin apuro como en ese idealizado paraíso de los jóvenes años.

En esa formidable etapa de mi vida, todas las contingencias pasaban sin involucrarme, cual misterioso halo protector. Era la felicidad, que ahora aflora en mi agitado y viejo corazón.