Michi en su casitaTenía veleidad de perro; nos esperaba a nuestro regreso en la puerta de casa. Lo cuidamos y quisimos mucho durante los años que nos acompañó, el devolvió con mimos el cariño que le ofrecimos. Fue parte de nuestra vida. Hoy recordamos con ternura que hace dos años bajo un mismo cielo plomizo nuestro Michi murió. Le dimos gatuna sepultura en nuestro jardín donde solía pasearse. Duerme bajo el brillo de “la luna de los gatos, que es una luna de queso”.

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