para AURORA
¡A ver! ¿Comienzo a contarte con este modismo de lenguaje que utilizan los jóvenes y los veteranos adoptamos para emularlos? ¡Cuántas cosas incorporamos conscientes para creer que inconscientemente nos desentendemos que la suma de los días hacen la suma de los años que implacables nos lo recuerdan familiares y amigos con un festejo! A ver; es encantador porque estás viva.
Sabemos que no podemos volver atrás, pero que agradable o melancólico rehacer con los recuerdos lo vivido. Es una suerte de viaje intentando zambullirse en la memoria. Te digo intentando porque a veces es un panzazo que nos damos y quedamos flotando sin llegar a ella, producto de la suma de la suma ¿no?
Es bueno revolverlos en una suerte de terapia y con ellos sonreír, reír a carcajadas o ponernos tristones. Como cuando miramos fotografías, es fascinador.
¿Miramos algunas? Empezamos con las que te muestran en los orígenes con los vínculos primarios, en el paisaje agreste y desolado del campo viviendo aventuras fundamentales para la niñez. Las que en tu corta edad, asumiste importantes responsabilidades por pérdidas tempranas pero viviendo en libertad, haciendo eje en la amistad y la diversión que iba a ser el prólogo de tu futuro y te marcarían para no ser un elemento de la manada.
Las que quedaron del compromiso que tomaste en pos del ideal de un mundo mejor, sumando experiencias que por esos años eran sustanciales y con una conducta enérgica, sin quebrar el encanto de tu natural seducción y alegría.
Las de la familia que se agranda con el deleite de la llegada de los primeros sobrinos y las más dulces para los capítulos de esa vida, con tu hijo en brazos, desafiando con coraje el reto para la época, liberándote de las obligaciones morales que establecían los dedos acusadores de una sociedad y con estoica dignidad decidiste ser madre y valorar la plenitud de vivir. Las que a lo largo de los años te encargaste en registrar el aumento de la tribu, los cumpleaños, las uniones y las reuniones, reflejando la historia y los cimientos afectivos.
Los retratos te muestran volando en una silla sobre el Cerro Catedral, compartiendo aventuras deliciosas con tu niño-hombre; con el cabello húmedo en la pasarela de la catarata grande; con la gran familia del otro lado del Atlántico; en la orilla del canal del borde del mundo; cruzando la inmensa montaña para poner pié en la arena del Pacífico, descansando bajo la galería de una finca y cruzando la Puna para admirar el Cerro de colores.
El tiempo pasa y rápido, pero tenemos la ayuda de las mágicas fotografías melódicas y coloridas para que en su imparable andar auxilie a nuestra memoria.
Las viste en blanco y negro, las coloreaste, viste las a color y ahora digitales. Ha pasado mucho rollo, mucha experiencia pero siempre te estás renovando.
En tu jubileo y con los años que has vivido, no se ha reformado esa fotografía que has mostrado a lo largo de tu vida, tu actitud de hija, hermana, madre y otros lazos. Refugio de tus amigas, anfitriona natural siempre estás para regalarnos calor y preparada para afrontar la pelea diaria naturalmente, producto mágico de tu autoestima y libertad de vivir.
Me siento muy feliz que estemos juntas transitando nuestra madurez, compartiendo nuestros afectos y hasta un peludo de cuatro patas. Te quiero, hermana.
Marta – Agosto 2012

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