Ya es hora que duerma, dejo la lectura. El sueño me está dominando y el despertador será implacable como cada mañana.
Es la hora de la noche en que todo está en silencio. De pronto, un fuerte golpe desvanece la frágil quietud de la casa y me pone alerta. Como lo hace cada noche, el gato ha saltado sobre el techo y me quita el sueño. El silencio zumba y hace que, en la oscuridad, mi sentido auditivo se agudice. Escucho algún crujir de muebles, luego ruidos quedados, sonidos sordos, movimientos fugaces.
La vigilia me lleva a abrir los ojos; la noche clara irradia su luz en el dormitorio y distingo las siluetas de los muebles; persisten los confusos sonidos.
La alarma del reloj me devuelve la conciencia y recuerdo que soñé con mamá y me conforta; fue claro, casi real; la veía entrar a la habitación, caminaba hacia la biblioteca y se detenía. Desde mi lugar en la cama veía reflejada, en la penumbra, su silueta en el espejo. Buscaba algo, yo le hablaba pero no contestaba. De pronto encontró sus cuadernos de apuntes que durante algunos años fue volcando a diario los acontecimientos familiares y alguna que otra noticia extraprogenie interesante. Los releyó con gestos habituales; por momentos afligida, apenada y otros con secreta satisfacción. No me atrevía a interrumpirla para preguntarle que le producían esas estimulaciones. Al cabo, devolvió prolijamente y en orden los cuadernos a su lugar; fijó su atención en las pequeñas piedras traídas del río de Talhadas de Portugal donde pasaba sus tardes papá cuando era niño, las tomó y dejó una caricia. Giró la cabeza y recorrió el cuarto con la mirada, la posó en mí y sonrió. Intenté hablarle, las palabras se me apelmazaban, me invadía una pereza mental que impedía el sonido de mi voz. Lentamente empezó a desdibujarse la imagen en el espejo, se volvió incorpórea y el espejo borró su silueta.
Inicio el día feliz, cuando sueño con mamá tengo la sensación que estuve con ella. Voy a llegar tarde a la oficina. Me apuro para dejar un beso en su foto del portarretratos; es extraño, no recuerdo haber variado su postura y tampoco había notado la grieta en el vidrio.-
Marta – 2008

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