Rosa es niña. Rosas son niñas. En tiempos de floraciones soltando su cabellera, la vida la desafió poniendo savia en los tallos de cuatro. Las cultivó con luz, calor y sol abundantes, las fertilizó con mucho amor para que crecieran sin dificultad en fríos inviernos y primaveras suaves, resultado de ejercitar su naturaleza sensible y maternal, acompañada por un hombre del que se enamoró nuevamente por la razón de entender cuánto más se lo puede querer por estar inmerso en un mundo de féminas.
Tuvo que sobrevivir sin dormir por el llanto de las crías y por haber tirado tantos pañales a la basura cuando recién se estaba alejando de la pubertad y enfrentar los desconocidos temporales cotidianos a fuerza de prueba-error y paciencia, asomándole en la boca la prefiguración de un suspiro.
Aprendió que podía ocupar su mente en otras cosas mientras administraba la rutina, poblando el espacio entre sus pies y el horizonte, escondido entre los pliegues de un libro, en imágenes de una inolvidable película, dejándose atravesar por los recuerdos de una infancia feliz.
La añoranza por sus afectos de territorios lejanos suele sumirla en la melancolía pero logra proyectarse a través de sus raíces cercanas y del arco iris armonioso de sus amigos que la habitan.
En la cara se le nota una mezcla de juventud y madurez, consecuencia de haber afrontado con cuidado las diligencias tribales. Con todos los frentes abiertos: la familia, los amigos, el trabajo; la vida la desafía, a veces la irrita, a veces quiere parar el mundo y bajarse, pero su enojo tiene el tamaño de un enano indefenso y le devuelve el reto danzando con su música interior y su alegría cerebral.
Las hijas poco a poco se fueron incorporando a la vida y casi sin darse cuenta se subieron a los tacos altos, a cantarles la sangre en sus venas y aunque sabe leerlas, sintió inquietud, celo y el lazo que la une a las mujeres que tratan desesperadamente de detener las amenazas de inseguridad y adicciones, tornándose temporalmente trastornadas cuando está en juego el futuro de sus hijos.
Y la savia continuó su frenético trabajo, la primer rosa mutó sus pétalos en alas. Llegó el tiempo de abrirlas y explorar la libertad y con actitud se asomó a la vida que cambia y sabe que se presentó el momento del aprendizaje y dejarlas cometer sus propios errores, a pesar de su garganta oprimida y al revoloteo de las lágrimas. Entendió que son consecuencias lógicas, que vendrán otros volares y tendrá que tener la aptitud para afrontarlos.
Pero como todas las mujeres mortales que tropiezan en su camino con el más venerado de los llamados, evoluciona y a sus temores les da color de fuerza, saluda la vida que se le regala. Lo demuestra la luz que reflejan sus ojos.
Puede sonreír por los años cumplidos y los que vendrán.

¡¡¡FELICES AÑOS!!!
Para mi querida sobrina

Marta, julio 2011

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