Michi en su casitaCon algunos años y sin identificación alguna se coló en nuestro jardín, no hubo forma de no enternecerse con su mirada debajo de las ramas del siempreverde y de a poco fue ingresando a nuestra casa y vida, nos tomó como “son parte de mí”, “todo es mío”, “primero yo”, “qué me trajiste”, “este lugar es para mí”… y así ocupó el lugar de preferido. Tenía veleidad de perro, tal vez porque lo acostumbramos a dormir en una casita perruna; nos esperaba a nuestro regreso en la puerta y reconocía los ruidos de los motores de los vehículos familiares. Lo cuidamos y quisimos mucho durante los años que nos acompañó, el devolvió con mimos el cariño que le ofrecimos. Fué parte de nuestra vida, una persona no humana. Hoy es un día muy triste, debajo del cielo plomizo nuestro Michi ha muerto. Le dimos gatuna sepultura en nuestro jardín donde solía pasearse. Dormirá bajo el brillo de  “la luna de los gatos, que es una luna de queso”.

Marta

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